El país enfrenta un escenario político sin precedentes, con liberaciones parciales de presos, presión internacional y una crisis social que persiste
Caracas, Venezuela | Enero de 2026.
Venezuela atraviesa uno de los momentos más complejos y decisivos de su historia contemporánea. La captura del presidente Nicolás Maduro, ocurrida el pasado 3 de enero de 2026, ha sacudido el tablero político nacional y regional, abriendo una etapa de profunda incertidumbre, reacomodos de poder y expectativas encontradas sobre el futuro inmediato del país.
De acuerdo con informaciones difundidas por medios internacionales, Maduro fue detenido en Caracas durante una operación ejecutada por fuerzas de Estados Unidos y trasladado a la ciudad de Nueva York, donde enfrentaría cargos federales relacionados con narcotráfico y otros delitos. El hecho, sin precedentes en la historia reciente de América Latina, provocó reacciones inmediatas dentro y fuera de Venezuela.
Nuevo escenario político
Tras la captura, el Tribunal Supremo de Justicia anunció la designación de la vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta interina, juramentada el 5 de enero. Su gobierno ha asumido el control en medio de una fuerte presión interna, con el respaldo de sectores institucionales y militares, y bajo la atenta mirada de la comunidad internacional.
Uno de los primeros gestos políticos de la administración interina ha sido el inicio de la liberación de presos considerados políticos, incluyendo dirigentes opositores, activistas y periodistas. Estas acciones han sido presentadas oficialmente como un paso hacia la “pacificación nacional”, aunque organizaciones defensoras de derechos humanos advierten que las excarcelaciones han sido selectivas y aún insuficientes.
Paralelamente, el nuevo gobierno ha iniciado contactos exploratorios para restablecer canales diplomáticos formales con Estados Unidos, en un contexto marcado por el interés de Washington en una eventual reactivación de la industria petrolera venezolana con participación de empresas norteamericanas.
Tensión social y control interno
En el plano social, la situación continúa siendo frágil. Sectores de Caracas y otras ciudades permanecen bajo estrictos controles de seguridad. Residentes describen un ambiente de silencio e inquietud, con presencia de fuerzas de seguridad y grupos parapoliciales en zonas populares, así como revisiones y restricciones a la movilidad en determinados sectores.
El país se mantiene bajo un decreto de estado de emergencia que otorga amplias facultades a los organismos de seguridad, lo que ha generado preocupación por posibles vulneraciones a derechos fundamentales y libertades civiles.
Crisis humanitaria sin resolver
A pesar de los cambios políticos, la crisis humanitaria persiste. Organismos internacionales estiman que cerca de 7.9 millones de venezolanos —más de una cuarta parte de la población— continúan necesitando asistencia urgente, en medio del deterioro de los servicios básicos, la precariedad del sistema de salud y los efectos acumulados de la hiperinflación.
El éxodo venezolano sigue siendo uno de los mayores del mundo, con más de 8 millones de ciudadanos que han abandonado el país en los últimos años, empujados por la inestabilidad política y el colapso económico.
Un país a la expectativa
Venezuela se encuentra hoy en una encrucijada histórica. Mientras algunos sectores ven en los recientes acontecimientos una oportunidad para iniciar un proceso de reconstrucción institucional y reconciliación nacional, otros advierten que la transición podría prolongar la incertidumbre y la tensión social si no se establecen garantías claras de democracia, soberanía y respeto a los derechos humanos.
El desenlace de esta nueva etapa marcará no solo el futuro del país, sino también el equilibrio político de la región.
Dirección de prensa de la Mancomunidad Dominico venezolana.
Lic. José Alberto Pérez, Presidente.
10 Enero 2025.-




































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